Reseña en 20Once. Miguel Ángel Olivera Prietto. 23/3/2025

Margarita Heinzen* nos entrega en “La altura del derrumbe” una novela que, aunque ambientada en un

momento histórico reconocible reconocible, se sostiene en la ficción. Publicada en diciembre de 2024 por la editorial Fin de Siglo, la obra transita los oscuros entramados de la política uruguaya en los años 50. La autora ha insistido en que su libro no es una novela histórica en sentido estricto, sino una ficción con referencias a personajes políticos de relevancia nacional y hechos de la época. En los pueblos del interior la corrupción es una sombra persistente que se arrastra desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días. No es solo el abuso de poder de ciertos caudillos o el desvío de recursos, sino una red silenciosa que ha tejido complicidades. Los favores políticos, el amiguismo, la compra de voluntades y manejos turbios, siguen siendo moneda corriente.

Mientras tanto, la corrupción sigue viva en los pasillos de los municipios, en los contratos opacos, en las

reuniones privadas donde se reparten favores. Y aunque las caras cambien con el tiempo, la estructura permanece, como una sombra que se niega a desaparecer.

La corrupción aquí no es solo un problema institucional; es una forma de vida que ha sido normalizada.

Así lo muestra Heinzen en “La altura del derrumbe”, esta circunstancia que aún vivimos, pero desarrollada a principios de la década del 50 del siglo pasado, nos hace entender que es un mal que afecta nuestra institucionalidad.

Desde mi lugar como lector y habitante del interior del país, el relato me interpela de manera particular, pues aborda una realidad que conozco bien: la corrupción política de los caudillos locales.

La novela relata la historia de Oldemar Inchausti (colorado) y su caída del poder. El argumento es que

no se trata solamente de un político en decadencia, sino que Heinzen nos hace una representación de un sistema pérfido que ha marcado la vida de muchos pueblos uruguayos.

Inchausti es un exdiputado, exedil, pero además es estanciero de la zona. A pesar de su influencia sufrió,

en recientes elecciones, una derrota que debilitó su poder. Ante esta situación, hizo lo imposible por sostener su influencia política, provocando una cadena de hechos que repercutió en su familia y en

el conjunto la sociedad. El desarrollo de estos acontecimientos, desde el punto de vista literario, es magnífico. Uno de los aspectos más logrados de la novela es el uso de un relato en cursiva – a través de flashbacks– que nos sumerge en la vida de Esther, esposa de Inchausti, desde su infancia en Blanquillo (pueblo inventado) hasta su matrimonio y posterior encierro en una vida de opresión. Su historia se entrelaza con la de sus hijos: Alaídes, el abogado que sigue los pasos de su padre, y Emilio, el hijo rebelde que se enfrenta al legado familiar y entiende otro mundo político en las fábricas de Montevideo. Así, la novela no solo es un retrato político, sino también un profundo drama familiar.

En un análisis de Jorge Nández* destaca cómo la novela logra un equilibrio entre la verosimilitud histórica y la ficción, evitando esquemas rígidos. Como bien señala Nández, la obra “emplea argumentos de ficción en un contexto histórico relevante”. También subraya los conflictos ideológicos

dentro del Partido Colorado y la lucha de clases en el contexto de la posguerra y la Guerra Fría.

Con crudeza relata los entretejidos - a los que podríamos definir como mafiosos - de cómo un político

intenta recuperar su posición política disminuida, y sus consecuencias familiares y sociales.

Los personajes están construidos con solidez.

Inchausti representa al caudillo tradicional: implacable y manipulador. Su carácter despótico marca el destino de sus hijos. Alaídes, el heredero político, termina atrapado en una vida de sacrificio.

Emilio, en cambio, se aparta de la sombra paterna para abrazar la lucha sindical y política. Su relación

con Lidia, una mujer fuerte y decidida, añade otra capa de complejidad a la historia.

Como menciona Nández, Lidia es “un personaje cuestionador, con una conciencia casi instintiva, irreductible en sus decisiones”.

Esther, como dije antes esposa de Inchausti, encarna el sometimiento de muchas mujeres en contextos

patriarcales. Su historia nos muestra su evolución dentro de la familia. Nández destaca que “Esther es cuadro y símbolo de la condición social impuesta”, alcanzando su verdadera dimensión al final de la novela.

Recomiendo enfáticamente “La altura del derrumbe”, porque conjuga intriga, reflexión y crítica social. Con un estilo ágil y una estructura atrapante, Margarita Heinzen nos ofrece una novela profunda, que no solo retrata una época, sino que también nos interpela sobre las estructuras de poder y sus consecuencias en la vida de las personas.

Margarita Heinzen nació en Paysandú, es escritora, ingeniera agrónoma y doctora en Ciencias

Sociales. Profesora titular retirada de UDELAR. Publicó varios libros. Actualmente coordina el Taller

de Escritura Creativa de CEUPA (Uni3)

Jorge Nández. Para este artículo fueron recabados algunos apuntes sobre “La altura del derrumbe”,

del análisis de Nández (poeta, docente, consultor, ex director IPA, presidente de la Casa de los Escritores del Uruguay, etc.)

El libro se puede conseguir en Paysandú en “El prisma de lunares”, “La posta del libro” y “Libros,

libros”. En Montevideo, en todas las librerías.

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